lunes, 16 de noviembre de 2009

¡Sí a la regionalización!

Estamos conscientes de los esfuerzos que hacen tanto el gobierno como instituciones privadas y ONG's para potenciar la descentralización en Chile, de entregar a las regiones herramientas que aumenten sus oportunidades de progreso y que equiparen sus expectativas de desarrollo respecto a las de nuestra capital. Ésta, por defecto, concentra la mayor actividad económica y social del país, ofreciendo una mejor calidad de vida, entendida como un mayor acceso a los servicios y oportunidades de trabajo.

A pesar de este esfuerzo, la diferencia entre la vida en regiones y Santiago es abismal. Más allá de la idiosincrasia propia de cada región -basada en su clima, historia y actividad económica - se destaca una gran desigualdad en el acceso a las distintas redes, la burocracia de las instituciones a través del conocido “tenemos que esperar una respuesta de Santiago” y la baja disponibilidad de cualquier tipo de insumo que, nuevamente, deben ser enviados “desde Santiago” entre otros. Esto automáticamente retrasa y excluye a las regiones de los avances del país.

Particularmente en Copiapó -capital de la región de Atacama- viven cerca de 150.000 habitantes, siendo una de las capitales regionales menos pobladas del país. Aquí, encontramos un contraste aún mayor que en otras regiones. Mientras, por un lado, tenemos a trasnacionales que generan considerables recursos relacionados con la minería y agricultura (los que van a parar al gobierno central para posteriormente ser distribuidos a las regiones), por otro, encontramos un estancado desarrollo en aspectos tan esenciales como la salud, la educación y la cultura. Claros ejemplos de lo anterior son:

- La existencia de un escaso número de médicos a nivel regional (los cuales a pesar de los incentivos económicos entregados, escapan de una región que no les proporciona alternativas de desarrollo profesional, personal ni social).

- La bajísima calidad de los establecimientos educacionales tanto de nivel básico[1] como superior. Lo cual desencadena el éxodo de los estudiantes hacia otras regiones.

- La disgregación familiar producida porque las políticas sociales no ofrecen garantías para todos sus integrantes y provocan la separación entre el trabajador y su núcleo familiar. Ésta es, sin duda, uno de los mayores enemigos para la atractividad regional.

- La sorprendente realidad del poblado de Tierra Amarilla, donde sus 15.800 habitantes no cuentan con ninguna farmacia o banco pero sí con innumerables clubes nocturnos y botillerías.

- Finalmente, la casi nula preocupación que existe a nivel gubernamental ante el pronóstico de que- en un plazo de tres años- en Copiapó no quedará agua potable disponible para el consumo humano.

Estos son sólo síntomas de un problema mayor generado por considerar a las regiones de nuestro país como zonas periféricas, zonas marginadas. De esta forma, no se estimula su capacidad creativa ni la toma de decisiones de forma autónoma. Como resumen, podemos decir que la región de Atacama es igual a la Metropolitana…varios años atrás.

Entonces, la pregunta que sigue es: ¿dónde estamos fallando? ¿Por qué las medidas aplicadas se hacen infructuosas?

La respuesta puede ser bastante más simple que elaborar millonarios proyectos o promulgar leyes que, paradójicamente, descentralicen al país desde el gobierno central. La piedra angular de este proceso es la correcta comprensión del término “descentralización”, donde éste se entienda por entregar real poder a las regiones y dar la capacidad de tomar decisiones por su propia cuenta, adaptándolas a su identidad local. ¿Qué importa que en regiones se paralicen los servicios a la hora de almuerzo si las metas propuestas se cumplen? No podemos pretender que las regiones se comporten igual que Santiago para que la regionalización sea efectiva. No necesitamos un Mc Donalds en Chañaral, si no que necesitamos fomentar el emprendimiento de sus habitantes, generando iniciativas que respondan a sus propios intereses. En términos de marketing, “crear valor” a las regiones respetando sus tradiciones y estilos de vida.

Para esto, se pueden proponer tres medidas aplicables a todas las instituciones involucradas en el desarrollo y progreso del país. Primero, fomentar políticas que hagan atractivo vivir en regiones, asegurando el correcto funcionamiento de servicios imprescindibles como la salud, la educación, el transporte y las comunicaciones, “atrayendo” a las personas hacia ellas, no “empujándolas”.

Segundo, entregarles real autonomía, permitiéndoles tomar decisiones a nivel local, además de fomentar espacios de creación de políticas y medidas de desarrollo local para aumentar su productividad, dejando que las regiones se “crean el cuento” y se convenzan de las potencialidades que tienen de forma independiente, para así dejar de depender de un gobierno central que hasta el momento no confía en las capacidades de cada una.

En tercer lugar, para que lo anterior sirva, es necesario un estricto control y rendición de cuentas ante los responsables de la asignación de recursos. Muchas veces hemos sido testigos de millonarios proyectos otorgados a regiones sobre los cuales se pierde el rastro. En la práctica, se vuelve indispensable el seguimiento de la inversión para que ésta sea efectiva.

La aplicación de estas tres medidas debe ir acompañada de un cambio en el errado enfoque que muchas veces tenemos sobre la descentralización de nuestro país.

Su aplicación sistemática e integral puede permitir solucionar un problema que por años nos aqueja y atenta contra el desarrollo equitativo entre todas las regiones.

Nuestra tarea como institución es combatir la centralización fomentando la aplicación de estas medidas en todas las áreas y niveles que abarcamos y transmitir nuestra experiencia en regiones a otros actores claves para el progreso de Chile (instituciones gubernamentales y empresas entre otros) para que de esta forma las familias de campamento que viven en regiones, dejen de ser doblemente excluidas del desarrollo del país.



[1] En la prueba Simce para octavos básicos del año 2007, la región de Atacama obtuvo cerca de un 5% menos de puntaje en el promedio de las pruebas respecto a la región Metropolitana. Esto se repite en el resto de las regiones, abriendo un debate sobre la desventaja en que se enfrentan los estudiantes de regiones a la educación.

Matias Rojas

Región de Atacama

1 comentario:

Gabriel dijo...

Buena columna Matías.

Es cierto lo que mencionas y se debe seguir trabajando para dar espacios a las regiones (que no son la RM) a demostrar sus potencialidades y bondades.

Eso si, se debe ser claro que desde las regiones (que no son la RM) debe existir un proactividad incansable para demostrar al país que desde cada rincón de Chile pueden nacer propuestas que pueden beneficiar a todo el país.