lunes, 13 de abril de 2009

La segunda independencia, hacia una invitación participativa

Tenía pensado escribir sobre lo que es la independencia. Los significados que puede tener. Las orientaciones respecto a las que podemos establecer su relevancia. Finalmente cómo dependerá del contexto, uno siempre que quiere independizarse es de algo, o alguien. En nuestro caso la independencia es de la monstruosa exclusión que representan los campamentos.

Pero la realidad muchas veces obliga a cambiar ideas preconcebidas. Y es que como alguien me dijo, una fiesta triste no se puede dejar pasar. Menos todavía si la razón de ser de ella era el impulso para un nuevo trabajo. Una invitación al desafío que queda pendiente. La fiesta a la que me refiero es en particular el evento del viernes 27 y en general a la campaña de captación.

Creo que cuando una fiesta no funciona puede ser por tres motivos fundamentales y todos tienen que ver con el que invita y con el acto de invitar.

El primero que vamos a analizar es que para lograr que lleguen los invitados, el dueño de casa necesita que los que inviten sean no solo él sino también sus amigos y si tiene amigas todavía mejor. Pero como todos sabemos, si queremos que la invitación sea buena tiene que ser con ganas. Más que una invitación directa, tiene que ir de la mano con un “va a estar la raja”. Las veces que amigos míos han hecho fiestas a la fuerza siempre fracasan, hay producciones enormes pero si no participamos todos en lo que se va a hacer no funcionan. Si la campaña está pensada entre cuatro paredes, si no se toma en consideración lo que opinan los que van a hacer la invitación, si a la gente de la oficina se la tiene que obligar a participar no podemos pretender que esto funcione. Cuando una fiesta aparece como un cacho uno busca cualquier excusa para no ir.

Un segundo motivo tiene que ver con la manera de invitar. Desde hace más de un siglo que la forma para invitar a un evento es pegando carteles, repartiendo volantes, comentándolo. Frente a esto propongo seguir el ejemplo de otros países o sectores de la sociedad, independizarnos nosotros de la manera tradicional. ¿Qué tiene de novedoso un afiche más allá del mensaje? El formato ya está desgastado. Hay que atreverse a cambiar, a usar otros medios. Como zonales hemos propuesto ideas que han muerto pero no vamos a renunciar a renovarnos. La campaña no tiene porqué ser de captación directa, un mensaje claro, ideas novedosas, rompedoras de esquema creo que pueden hacernos más efectiva la captación. Preocupémonos de mostrar lo que pensamos, lo que somos, antes que ganarnos premios de publicidad.

Pero quizás el mayor problema del que invita es efectivamente creer en la invitación que está haciendo. No hay peor fiesta que la que se hace “porque hay que hacerla”. La música es mala, la gente no llega y si llega también está desmotivada.

En el caso de nuestra fiesta quiero llamarlo “aburguesamiento cota cero”. Esto lo propongo para colgarme de un concepto polémico. Pero sobre todo para mostrar que el estar inmerso en el “mundo real” no asegura el éxito, muchas veces nos deja contentos con lo ya logrado.

Después de todo, hemos llegado a ser la organización por excelencia de los campamentos. Pero muchas veces hemos sido la organización que se mira satisfecha sobre sí misma, que tiene a cientos de personas contratadas ¿valdrá la pena conseguir voluntarios?

Satisfechos porque trabajan en la cota cero, porque de vez en cuando van a un campamento y son los que tienen las mejores ideas para terminar con la pobreza, no se nos vaya a ocurrir estar en desacuerdo. ¡Eso es aburguesamiento cota cero! Estar conformes y tranquilos con lo que ya somos. ¿Voluntarios? Al final son un cacho. O más bien son los “saca cacho”.

Pero quizás el peor de los aburguesamientos cota cero, es el que afecta al voluntario. Cuando uno pregunta por la necesidad de más voluntarios no falta la respuesta: “No te preocupí, estamos bien. Además, hacer que entre alguien a trabajar a este campamento es medio difícil.” Sí, nos hemos convencido de que somos héroes, somos imprescindibles. Nos hemos convertido en expertos en la crítica desde nuestra cómoda posición de el que trabaja en campamentos. Somos los dueños de los campamentos, estar en el campamento nos daría una posición de infalibilidad.

Como organización hemos ido aumentando en complejidad. Hemos logrado cosas importantes. Todo eso se ha logrado por las ganas y capacidades para cambiar, salir de nuestra posición cómoda y mirar dónde está la necesidad. Es en base a ella que tenemos que trabajar, no a nuestro conocimiento como profesionales o voluntarios. Aunque creamos que ya estamos bien, que con nuestro esfuerzo basta y sobra, hay que ir a los campamentos y darse cuenta lo muchísimo que nos falta para lograr hacer bien nuestro trabajo. Y parte importante de lo que nos falta son los voluntarios, pero no solo para que operen una maquinita perfecta que les entregamos, sino para que desde su compromiso e ideas puedan ser actores importantes de este cambio que buscamos. El voluntario no es solo voluntad, es además ideas y capacidad. Los necesitamos y tenemos que darles el espacio que les corresponde.

Me tocó escuchar por ahí una frase que tiene que ser nuestra guía en este tema: “Sin voluntarios no hay trabajo de Un Techo para Chile en este comité”.

José Antonio Gutiérrez


1 comentario:

Mauricio dijo...

Me gustó la analogía con la fiesta. En Valdivia tuvimos algunos problemas con el compromiso de algunos voluntarios que hacían la captación, sin embargo eran casos aislados y pudimos hacer una buena campaña.
Lo primero que hicimos fue llevar a lso volutnarios nuevos al campamento, a hablar con las dirigentas, a ver a lso niños, suponemos que el impatco visual y emotivo de esa visita los motivará a quedarse y hasta ahora ha resultado.
Esa sería nuesra experiencia al menos,.
Saludos