miércoles, 26 de diciembre de 2007

Jesús es “peligroso”, hay que “eliminarlo”…

A través del Espacio de Debate se busca fomentar la reflexión al interior del equipo de Un Techo para Chile. Cada semana hay un encargado de escribir acerca de un tema de interés nacional y que se relacione con nuestras inquietudes.
Éste no necesariamente representa la opinión de todos los que aquí trabajamos.
Acercándose la Navidad quisimos realizar un spot para la televisión que agradeciera a todos los que durante el año habían cooperado de diferente manera a la labor de Un Techo para Chile. Como lo han hecho siempre, la agencia de publicidad y la productora de cine idearon y realizaron gratuitamente un muy buen spot. En él actores hacían alusión que al nacer el Hijo de Dios no tuvo un lugar digno y que María y José habrían dado cualquier cosa para tener al menos la dignidad de una mediagua para acoger a su guagua. Luego se agradecía a quienes hacen posible que por medio de las mediaguas, familias en los campamentos construyan un hogar un poco más digno donde pudiera nacer Jesús. Marchaba todo bien hasta que un canal de televisión se negó a hacernos el favor de pasar el spot. La argumentación fue que ellos respetaban la diversidad de sus televidentes por lo que no querían un spot que aludiera a la fe cristiana.
No sólo me pareció hipócrita la argumentación, pues ese mismo canal por sus pantallas hacía constante alusiones a la cercanía de la Navidad, fiesta que es eminentemente cristiana ya que está centrada en el nacimiento de Jesús. Artificiales eran esos escrúpulos en un país mayoritariamente cristiano, que tiene feriado nacional el día de Navidad y con gente no cristiana muy tolerante. Pero lo que más me llamó la atención es que el mismo canal de televisión, que se cuidaba de no aludir en Navidad al nacimiento de Jesús para no ofender a quienes no son cristianos, ese mismo canal no tenía ningún problema en presentar en sus pantallas constantemente la figura del Viejo Pascuero.
Este personaje que lo presentamos con cara de bonachón, gordito -es decir sin “aristas”- y que simpáticamente llamamos “Viejito Pascuero”, no es alguien tan inocente y bonachón. Es cierto que puede ayudar a representar la magia que existe en la inocencia de los niños. Pero no nos engañemos, él es el “Mesías” de la religión del consumo. Su fin es hacer mover toda la maquinaria de las ofertas que crean las necesidades que se desahogan con el consumo. Tiene un poder hipnótico cuyo influjo en los niños es incontrolable y el costo lo pagan los papás o la desilusión del niño. Es como el pepino que en sí mismo es sano e inocente, pero una vez puesto en la ensalada, no comparte, se apodera de todo y mata cualquier otro sabor. En la “ensalada” de intrigas y personajes que se coludieron para matar a Jesús, siempre ha quedado la pregunta de quién fue el culpable. Algunos acusan a los soldados romanos, pero pensar así en muy simple, ellos fueron más bien ejecutores. Otros dicen que el culpable fue Pilato, pero él mismo se lavó las manos. Para otros fueron las autoridades religiosas que lo declararon “blasfemo”, que hoy vendría a ser algo así como “relativista”. Algunos dicen que fue el poder totalitario de los romanos quien lo torturó y lo mató, para seguir dominando por el miedo al pueblo que lo escuchaba. Para mí, por mucho tiempo creí que a Jesús lo mató la rabia de quienes, como el hermano mayor de la parábola del “Hijo Pródigo”, no soportaron que Jesús hablara de un Dios misericordioso y paternal, que se acercara a los pecadores, que perdonara a la adúltera y que pasara a llevar la sagrada norma del sábado, haciendo sagrado al ser humano. Siempre creí que la soberbia y la rabia de quienes se sienten los dueños de la verdad mataron al Hijo de Dios por parecerles “demasiado humano”. Pero todas las Navidades me hacen pensar que a Jesús, que tuvo una familia muy sencilla como José y María, que compartió la suerte y la austeridad de los pobres, que mezcló la Divinidad con la humanidad y que nos mostró la gratuidad del amor de Dios, a Él tal vez de verdad, lo mató el “Viejo Pascuero”.

Por Felipe Berríos
Miércoles 26 de diciembre de 2007

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