martes, 30 de junio de 2009

Un Orgullo para Chile

El lunes, en plena Plaza de Armas de Santiago, cerca de tres mil voluntarios, profesionales, dirigentes y pobladores, se unieron a autoridades de gobierno y empresarios para lanzar una campaña sin precedentes: comprometerse a que al 18 de septiembre del 2010 (esto es en 447 días más) no existan más campamentos en Chile. La meta es ambiciosa, pero absolutamente posible, ya que si bien está claro que no estarán listos ni entregados todos los barrios y viviendas, las soluciones definitivas ya podrían estar en curso y los proyectos avanzados. Siempre quedarán pendientes algunos microcampamentos de naturaleza espontánea, difíciles de catastrar y que responden a dinámicas distintas a los campamentos tradicionales, pero el problema estructural del acceso a la vivienda para los más pobres podría estar resuelto, con el consecuente cambio del paisaje urbano y social de nuestro país. Es importante sumarse a la celebración de los 12 años de Un Techo para Chile, e independiente de la opinión o diferencias que podamos tener con algunas de sus estrategias, vale la pena reflexionar respecto de los alcances y efectos que ha tenido en Chile y el continente.

Digamos las cosas como son: Chile es hoy el único país en vías de desarrollo que se ha propuesto eliminar los campamentos informales en el corto plazo. Si revisamos el panorama urbano de Latinoamérica, veremos que aquellos países que están tratando de resolver el problema del acceso a la vivienda propia se han contentado con regularizar y formalizar aquella ciudad "informal" que por medio siglo creció en las periferias de las grandes urbes, encarnadas en "barrios", "favelas", "ranchos", "campamentos" o "villas miseria" (denominación que varía según su origen). A estas alturas son pocos los países latinos que cuentan con políticas de acceso a la propiedad de vivienda capaces de revertir décadas de urbanización informal o ilegal y, probablemente, sólo Chile pretende y aspira a llegar a "déficit cero" de vivienda. Esta reflexión se hace más relevante si consideramos que este esfuerzo se ha realizado dentro de un contexto de escasez y austeridad fiscal que ha requerido innovación, capacidad técnica y voluntad.

En este proceso son muchas las instituciones, personas, empresas y autoridades que han participado, y si bien muchas veces el "Techo" se lleva gran parte de los créditos, este logro es mérito del círculo virtuoso que se estableció entre todos los involucrados. Esto no habría sido posible sin una política habitacional como la que hemos desarrollado, sin la experiencia pionera de programas como Chile Barrio, el compromiso de empresas constructoras, organizadoras de demanda y municipios, el afán de innovación de grupos como Elemental y, por sobre todo, la fuerza de los mismos pobladores y sus dirigentes. Lo que distingue al "Techo" en este grupo es su origen, naturaleza y evolución. Lo que partió como un movimiento limitado a construir 2.000 mediaguas para el Bicentenario, terminó evolucionando en un semillero de líderes y capacidades a todo nivel, que no sólo ha permitido abrir el compromiso con la pobreza a jóvenes universitarios, sino, además, ha derivado en toda una nueva generación de profesionales y pobladores involucrados en las políticas públicas más allá del tema mismo de la vivienda, color político o credo.

Ahora que Un Techo para Chile ha dejado atrás las mediaguas y el voluntariado y se consolida como una plataforma profesional, una vez cumplida la meta de erradicar los campamentos sus ambiciones y energías tendrán que apuntar al verdadero desafío que se nos viene como país: el drama de "los CON casa". Esté término, acuñado por el arquitecto Alfredo Rodríguez, apunta a la vulnerabilidad y precarias condiciones de habitabilidad de miles de viviendas sociales construidas durante las últimas décadas. El grado de complejidad y dificultad de este desafío es mayor que el de terminar con los campamentos, pero debiera ser nuestra próxima meta como país.

Pablo Allard

Publicado en Diario La Tercera, 28 de Junio 2009


lunes, 15 de junio de 2009

Cada realidad es particular

La frase “Cada realidad es particular” puede ser una frase recurrida y un tanto cliché, que utilizamos para justificar diversas acciones y situaciones pues siempre parece ser útil. Entonces decir que la realidad regional de Valparaíso es particular no permite distinguir dicha particularidad, porque seguramente las realidades de los diferentes campamentos de la Región Metropolitana o las realidades de los distintos campamentos de Iquique también son particulares.

En nuestra región actualmente nos encontramos interviniendo en 20 comunidades y actualmente contamos con 5 proyectos de vivienda con posibilidades de prontamente emprender uno más. La baja demanda para la postulación al fondo Solidario de Vivienda nos lleva a preguntarnos: ¿Qué ha llevado a los pobladores a preferir la regularización de sus terrenos por sobre una postulación al Fondo Solidario?

La respuesta a esta interrogante se puede encontrar en dos situaciones. La primera se vincula a la historia de nuestras ciudades. Hablar de tomas de terreno es hablar del poblamiento que han tenido muchos de los sectores de nuestras ciudades de Valparaíso y Viña del Mar, como Forestal, Reñaca Alto, Achupallas, Playa Ancha y los innumerables cerros de Valparaíso. Estas tomas con el tiempo se han ido regularizando, abasteciendo de servicios básicos y conformándose como barrios residenciales. No es extraño mirar desde el mar Valparaíso y ver a casas colgando de los cerros, dónde múltiples poetas se han inspirado, pero dónde técnicamente jamás ha existido factibilidad para construir en dichos terrenos y aún así se ha logrado conseguir la regularización de éstos.

Un segundo elemento se vincula a las condiciones objetivas y subjetivas de los campamentos: no resulta difícil entender el raciocinio de sus habitantes, al considerar que sus viviendas han sido construidas incluso de materiales sólidos, algunas de dos pisos y luego de mucho esfuerzo han solucionado medianamente el saneamiento de la vivienda. A esto se suma el que sus casas se encuentran ubicadas en terrenos en los cuales han habitado por un tiempo promedio de 8 años, habiendo desarrollado ya un lazo afectivo con estos espacios, los cuales además en la práctica tienen un metraje muy superior al que podrán optar a través del Fondo Solidario de Vivienda. Finalmente, es necesario tener en cuenta que en Valparaíso y Viña del Mar prácticamente no existan terrenos a un precio accesible para estas familias para construir.

Todos estos elementos conducen a que me cuestione lo siguiente; ¿Cómo estamos considerando las demandas reales de los pobladores? ¿Estamos entregando la oferta que los pobladores actualmente están requiriendo o estamos entregando la oferta más fácil técnicamente de abordar? Siguiendo la misma línea, ¿Estamos considerando a los pobladores realmente capacitados para tomar sus propias decisiones? No escuchar, no tomar en cuenta, no abordar sus propias demandas es también una manera implícita de subestimar.

Los invito que juntos abordemos este desafío de trabajar de igual a igual, considerando las motivaciones de nuestros socios de trabajo y si eso implica desarmarnos y rearmarnos, ¡comencemos hoy día!


Natalia Brauchy

Región de Valparaíso


lunes, 8 de junio de 2009

North Face (o enfrentar los desafíos justo desde el otro lado)

Nociones básicas de orientación en medio de la cordillera de los Andes indican que la cara sur de los cerros y montañas es la que tiene más vegetación, más humedad, y a más altura, más hielo. Si es que te encuentras perdido, no tienes brújula y está nublado, mirando la cara de las montañas puedes saber para dónde está el norte, y para donde el sur, y así emprender el camino de regreso. Para quienes gozan con mirar el mundo desde las alturas y estar un poco más cerca del cielo, los desafíos que ofrece la cordillera de los Andes en el hemisferio sur, son más desafiantes todavía si se hacen desde la cara sur: las grietas del hielo, el viento gélido y las cornisas más encrespadas también conducen a la cima. Me llama la atención como desde hace un tiempo a esta parte proliferan en nuestras latitudes artículos deportivos de una prestigiosa marca, North Face ¿por qué lleva ese nombre? Es que en el hemisferio norte ocurre exactamente al revés que por acá: es la cara norte de los montes la que es más difícil de subir (Así como el agua del escusado gira para el otro lado).


Los países en desarrollo nos caracterizamos por importar muchas cosas desde los más avanzados, en particular tecnología, automoviles, todo tipo de manufacturas. Junto con los bienes, debiéramos intentar importar también el conocimiento y la técnica para producirlas, o al menos para adaptarlas a nuestra disímil realidad. Anhelamos ser cómo son los del norte, y por tanto intentamos hacer lo que ellos han hecho para llegar adonde están ¿Es esto posible? ¿Por el mismo camino que han andado allá? Dándole una vuelta más al asunto, podríamos preguntarnos ¿Qué otras cosas importamos? ¡Palabras! Por ejemplo, nos han enseñado a hablar de recursos humanos, no ya de personas... ¡Metodologías! Hemos aprendido a medir estadísticamente la pobreza, a clasificar a las personas según su ingreso y capacidad de consumo... ¡Nuevos sistemas! Mirando hacia otras partes hemos soñado un sistema de transporte eficiente, ágil y puntual... ¿Cuál es el desarrollo que soñamos? ¿Habrá directa correlación entre al aumento del PIB y el de la felicidad?


Esta polaridad entre el norte y el sur Benedetti la trata muy bien: "con sus predicadores, sus gases que envenenan, su escuela de chicago, sus dueños de la tierra, con sus trapos de lujo, y su pobre osamenta, sus defensas gastadas, sus gastos de defensa, con su gesta invasora el norte es el que ordena... pero aquí abajo abajo, cada uno en su escondite, hay hombres y mujeres que saben a qué asirse, aprovechando el sol y también los eclipses, apartando lo inútil y usando lo que sirve, con su fe veterana, el sur también existe".


Sin tanto pataleo, nos guste o no, la cultura hegemónica es la que viene de por allá lejos. Las pilchas de la marca que comentamos son de muy buena calidad... pero ojo, no vaya a ser que por tragarnos todo el cuento, en el momento del desafío, la duda o la desorientación, partamos justo para el lado equivocado. Para quienes tienen la posibilidad de conocer, de estudiar, y de formarse, tomando en cuenta las mejores prácticas de otras partes del planeta, el desafío es adaptarlas creativamente a lo que se vive y se sueña por acá. El espacio de las mesas de trabajo en que dirigentes de los campamentos, profesionales y voluntarios de Un Techo para Chile, codo a codo, semana a semana, se devanan los sesos para sacar adelante los proyectos de vivienda, es una muy buena escuela para ensayar estas formas creativas: tenemos mucho que aprender.


José Fco.Yuraszeck SJ

lunes, 1 de junio de 2009

La PSU: mecanismo de exclusión

“De los cerca de 200.000 alumnos que egresan de cuarto medio todos los años, hay 25.000 que no rinden la PSU (en su mayoría provenientes de colegios técnico profesionales). Del restante, un número importante (73.500) obtiene un puntaje que no le alcanza para postular a becas o créditos (475 puntos). Es así como el 2008 por ejemplo, la mitad del total de alumnos que egresaron de cuarto medio no tuvieron posibilidad de acceder al sistema universitario tradicional, en otras palabras, de 2 alumnos que egresan de cuarto medio, uno no tiene ninguna posibilidad de entrar a la universidad” (Fuente: http://www.ideaseneducacion.cl/).
Si bien estos datos no nos permiten afirmar categóricamente que en la educación superior el acceso es desigual para los distintos estratos de la sociedad, nos permiten patentar que, a priori, las oportunidades de acceso a estudios terciarios están definidas por un simple ejercicio de probabilidad. Si nos basamos en las probabilidades, ¿qué sería lo más factible? Claramente, lo más factible es que ese alumno que no tiene posibilidad de entrar, esté ubicado en los quintiles más pobres de la población. Es así como el acceso a la educación superior es uno más de los múltiples nichos de desigualdad que existen en el país.
En esta línea, la PSU se muestra como un sistema de admisión que más que resolver las inequidades del antiguo sistema (PAA), refuerza las brechas existentes. Un dato más: desde su implementación, en la Universidad Católica, los alumnos provenientes de colegios municipales han disminuido de un 17% a un 11%. En la Universidad de Chile, la baja ha sido de un 32% a un 20% (Fuente: PIIE). Algunos de los cuellos de botella en esta línea han sido que la PSU aborda el 100% de los contenidos mínimos de la enseñanza secundaria y que se premia a los mejores puntajes con asignaciones estatales (AFI), canalizando en la PSU exclusivamente los resultados de los conocimientos, dejando de lado las habilidades que tienen los estudiantes y los méritos obtenidos en la educación media.
¿Cuál es el resultado de todo esto? Menor número de alumnos provenientes de colegios municipales ingresando al sistema de educación superior, menores posibilidad de estos alumnos de optar a becas o créditos y poca capacidad del sistema de hacerse cargo de estas desigualdades.
Un cambio en el sistema de acceso no sólo resulta importante, sino que urgente, ya que no es aceptable que la implementación de un nuevo sistema aumente las brechas de desigualdad entre la población joven del país. Tampoco es aceptable que a pesar de toda la evidencia, no exista transparencia en cómo se está llevando a cabo la evaluación de la PSU (a cargo de un comité internacional). Pero lo más inaceptable de todo es que nos quedemos indiferentes frente a la probabilidad de que de cada 2 alumnos, uno no puede ingresar a la universidad. Esperemos que las probabilidades dejen de ser hoy lo que establezca quién entra y quién no a la educación superior.


Javiera Pizarro