En este proceso son muchas las instituciones, personas, empresas y autoridades que han participado, y si bien muchas veces el "Techo" se lleva gran parte de los créditos, este logro es mérito del círculo virtuoso que se estableció entre todos los involucrados. Esto no habría sido posible sin una política habitacional como la que hemos desarrollado, sin la experiencia pionera de programas como Chile Barrio, el compromiso de empresas constructoras, organizadoras de demanda y municipios, el afán de innovación de grupos como Elemental y, por sobre todo, la fuerza de los mismos pobladores y sus dirigentes. Lo que distingue al "Techo" en este grupo es su origen, naturaleza y evolución. Lo que partió como un movimiento limitado a construir 2.000 mediaguas para el Bicentenario, terminó evolucionando en un semillero de líderes y capacidades a todo nivel, que no sólo ha permitido abrir el compromiso con la pobreza a jóvenes universitarios, sino, además, ha derivado en toda una nueva generación de profesionales y pobladores involucrados en las políticas públicas más allá del tema mismo de la vivienda, color político o credo.
Ahora que Un Techo para Chile ha dejado atrás las mediaguas y el voluntariado y se consolida como una plataforma profesional, una vez cumplida la meta de erradicar los campamentos sus ambiciones y energías tendrán que apuntar al verdadero desafío que se nos viene como país: el drama de "los CON casa". Esté término, acuñado por el arquitecto Alfredo Rodríguez, apunta a la vulnerabilidad y precarias condiciones de habitabilidad de miles de viviendas sociales construidas durante las últimas décadas. El grado de complejidad y dificultad de este desafío es mayor que el de terminar con los campamentos, pero debiera ser nuestra próxima meta como país.
Pablo Allard
Publicado en Diario La Tercera, 28 de Junio 2009