lunes, 26 de abril de 2010

Andrés Barrios responde a la siguiente pregunta ¿Qué tipo de educación queremos promover en Chile?

El próximo sábado 1 de Mayo celebraremos una vez más el día del trabajador. Esta fecha en la que conmemoraremos los trágicos hechos ocurridos en 1886 en la ciudad de Chicago, será también una nueva oportunidad para reflexionar sobre como acogemos en nuestra sociedad a los trabajadores y sus preocupaciones.

El ejemplo dado por los obreros de Chicago 124 años atrás, ha inspirado a otros como ellos a luchar por la reivindicación de sus derechos. Ello ha significado que hoy en día los trabajadores tengan jornadas laborales más justas, derecho a vacaciones, un salario mínimo y organismos estatales que los protegen. Además, pueden agruparse en sindicatos, tienen derecho a realizar huelgas y existen leyes que protegen a los líderes sindicales. Sin embargo, es evidente que aún queda mucho camino por recorrer. En primer lugar es fundamental poder garantizar que los derechos ya reivindicados sean respetados en la práctica, pues los esfuerzos que ciertos grupos hacen por eludirlos son francamente vergonzosos. Además, es importante que muchos de ellos sigan profundizándose, para lo que es importante mantener abierto un dialogo honesto y horizontal entre los distintos actores sociales. Es justamente en este contexto donde tiene sentido preguntarnos qué tipo de educación queremos promover en nuestro país.

Tradicionalmente la educación ha sido entendida como un proceso de transferencia de conocimientos desde el educador a los educandos, quienes bajo esta perspectiva son reducidos a simples espectadores. Esta forma de entender la educación no respeta la naturaleza ni la historia de los educandos y más que fomentar el aprendizaje y el dialogo, los coarta. Tal como sostiene Paulo Freire en la Pedagogía de la Autonomía,

“El profesor que menosprecia la curiosidad del educando, su gusto estético, su inquietud, su lenguaje, más precisamente su sintaxis y su prosodia; el profesor que trata con ironía al alumno, que lo minimiza, que lo manda a “ponerse en su lugar” al más leve indicio de su rebeldía legítima (…) transgrede los principios fundamentalmente éticos de nuestra existencia”.

Un modelo educativo que ignore los conocimientos y la cultura que como personas adquirimos en nuestras experiencias de vida y que no genere espacios para cuestionarlos, no es en realidad un modelo educativo, sino que más bien un modelo de adiestramiento.

La verdadera educación no consiste en transferir conocimientos, sino que en crear las posibilidades para su propia producción o construcción. Entender así la educación, nos permite salir de las fronteras del aula y asumir el proceso educativo como un proceso vivo que se da en cada momento y del que el educando es el principal protagonista. Sin embargo, entender la educación de este modo implica romper con ciertas prácticas e ideologías que se encuentran muy arraigadas en nuestra cultura.

En primer lugar es fundamental modificar la cultura de la sala de clases. Una clase en la que el educador toma un papel autoritario e impide con ello que los educandos ejerciten su curiosidad no tiene ningún sentido. Además, al exponer a los educandos constantemente a experiencias educativas que sigan esta estructura se termina por coartar su desarrollo como persona y en vez de individuos curiosos y pensantes, se termina formando a individuos incapaces de cuestionarse y que terminan comportándose de acuerdo al adiestramiento al que han sido expuestos. Por ello es tan importante generar este cambio. Debemos ser capaces de reconocer que al enseñar, aprendemos y que al aprender enseñamos. Esto hace que las relaciones educativas se vuelvan mucho más horizontales, logrando con ello el surgimiento de una cultura de dialogo abierto, en el que todos se sienten capaces de defender sus puntos de vista, manteniendo además una apertura constante a aprender del otro. Esto abre además muchas exigencias a los educadores, pues además de mantener una actitud de apertura permanente, es necesario que sean coherentes con su discurso, que también muestren sus puntos de vista y que ante los cuestionamientos que planteen, tomen acciones para generar los cambios con que sueña.

Es claro que algunos cambios en esta dirección ya han empezado a darse. Sin embargo, es necesario que estos se profundicen y lleguen a toda la sociedad. Actualmente, los colegios particulares han adoptado muchos de estos conceptos. Los jóvenes que pueden asistir a este tipo de establecimientos, reciben una educación que los llama a participar, a opinar y a cuestionar lo que se enseña (con la excepción de algunos temas, como por ejemplo la religión). Por otro lado, quienes asisten a colegios municipales, reciben en general una educación de carácter más autoritario y en vez de formar a estudiantes seguros de sí mismos y cuestionadores de la realidad, se crean sujetos para que acepten lo que les toca vivir sin grandes reparos. Mientras por un lado formamos líderes, por otro formamos a sus seguidores. Esto debe ser cambiado si queremos tener una sociedad que respete los derechos de todos.

Es importante también marcar la diferencia entre educación y lo que podríamos llamar “tallerismo”. La educación no sólo se da en la sala de clases, o en una instancia formal. La educación es un proceso constante, que se da en todo minuto. La experiencia del día a día es una fuente enorme de conocimiento desde donde es posible construir mucho más. Es fundamental que estemos consientes de nuestro rol de educadores y educandos permanentes, para asumir de esta forma la responsabilidad que esto significa.

Sólo una educación de este tipo hará posible que seamos una sociedad justa y equitativa de la que todos nos sintamos parte. Sólo una educación que apunte en este sentido permitirá que los trabajadores y otros grupos que de alguna u otra forma han sido marginados, entablen un dialogo de igual a igual con el resto de la sociedad para garantizar el respeto de sus derechos. ¡No tengamos miedo a cuestionar las estructuras, no tengamos miedo pensar!

1 comentario:

Julio César Fernández dijo...

Creo que es la unica manera de crecer como sociedad. Cuestionarse para luego hacer a conciencia.