lunes 26 de julio de 2010

Pobreza: no más campamentos

Asombra que, pese a que más del 15% de la población no alcanza lo mínimo para vivir, el esfuerzo que debe hacer el país para cambiar esa situación parece realmente ínfimo. ¿Cuánto cuesta sacar a todas esas familias de la situación de pobreza? Menos del 1% del PIB. La brecha de pobreza -el porcentaje del PIB que representa la suma de ingresos que requiere ese 15% más pobre para alcanzar el consumo de dos canastas básicas- no supera el 1% en Chile desde 1996. ¿Por qué no se ha hecho algo decisivo por acabar con la pobreza?

La complejidad del fenómeno exige una postura mucho más audaz que la mera transferencia de recursos de parte del Estado. El ingreso familiar ético es un buen avance, pero en ningún caso debiese ser la meta. Como vemos a diario en los campamentos, pasar por una situación de pobreza no sólo implica no contar con los ingresos básicos para vivir, sino que lleva aparejado muchas veces que los hijos pueden acceder sólo a colegios de pésima calidad; enfrentar una enfermedad con total incertidumbre respecto del trato y atención en los hospitales; no tener ninguna posibilidad de entender cómo funciona la justicia si alguien les pasa a llevar algún derecho; vivir en una comuna pobre rodeado de personas que tienen un horizonte tan limitado como el propio y, lo más dramático, sufrir la discriminación que hace casi imposible acceder a un buen empleo que permita crecer o levantarse por sí mismo.
Pese a que en Chile hemos avanzado muchísimo en los últimos 20 años, los recientes resultados de la Encuesta Casen exigen esfuerzos innovadores y sustentables para adelante. Los siguientes pasos requieren esfuerzos adicionales para identificar con exactitud a las personas en estado de pobreza. Una de las "trampas" de este fenómeno es que muchas veces se esconde tras conductas de informalidad y en espacios físicos marginales. Por eso debemos ir más allá de las políticas de transferencias, hacia la garantía de derechos reales a todos, desde programas orientados a los más pobres a políticas que exijan y promuevan la participación y protagonismo de los mismos beneficiarios, hasta lograr mejoras efectivas en su calidad de vida.

Un ejemplo es la meta que hemos escuchado a gobiernos de todos los sectores sobre el término de los campamentos. He ahí un foco claro de trabajo que significará un avance fundamental en la lucha contra la pobreza y podríamos ser el primer país de América Latina que lo logra. Para eso, este año se requieren cuatro cosas fundamentales: una autoridad presidencial que resuelva los títulos de dominio y urbanización de lugares emblemáticos de tomas de terreno como Valparaíso, Lota y Alto Hospicio; que se garanticen los subsidios de los proyectos en desarrollo en todo el país; que se promueva la organización de quienes aún viven en campamentos y están agrupados en comités y, por sobre todo, coraje para no temer enemistarse con algunos privados que impidan una buena localización de los conjuntos de vivienda social al interior de cada ciudad.

Hoy más que nunca está todo dispuesto para que esto ocurra. Seguir postergando esta meta será sólo un tema de voluntad o de falta de ésta. Los voluntarios de Un Techo para Chile, junto a las miles de familias de campamentos y sus dirigentes estaremos exigiendo que no dejemos atrás este desafío, cuyas complejidades no son una excusa para seguir postergando esta deuda, sino una oportunidad para construir un país de oportunidades, con derechos sociales garantizados y una mejor calidad de vida para todos.


Por Patricio Domínguez
Publicado en Diario La Tercera 20/07/2010

viernes 9 de julio de 2010

Vivir en Lo Espejo, vivir en Vitacura

Una de las características de la Región Metropolitana es lo que se ha denominado el “cono de alta renta”, sector que concentra mayoritariamente los recursos económicos de la ciudad, y por ende, margina a una parte importante de sus habitantes. Al parecer, como en muchas otras dimensiones, las probabilidades de acceder a servicios y oportunidades se delimitan por el lugar de residencia. Es así como la comuna donde uno vive permite saber de una manera, en general certera, la posición social de las personas. En el “cono de alta renta” se concentra el porcentaje más rico de la ciudad y se concentran los mejores equipamientos y servicios, porque la libertad de mercado lo dice así.

Este “cono de alta renta” permite múltiples lecturas, una de ellas es la comparación de habitantes de la ciudad en comunas dentro y fuera de él. Así, se evidencia no sólo la desigual distribución de la población, sino que las probabilidades de acceder a servicios y oportunidades de acuerdo al lugar donde se vive.

Vitacura es una de las comunas más ricas de Santiago, Lo Espejo es una de las comunas más pobres. Vitacura colinda con Las Condes, Providencia y Lo Barnechea, las otras comunas más ricas de la región y que comparten este “cono de alta renta”, y por tanto, comparten un acceso a bienes y servicios de calidad. Lo Espejo colinda con San Bernardo, La Cisterna, Pedro Aguirre Cerda y Cerrillos, comunas con índices de pobreza similar.

Según datos de la encuesta CASEN 2006, en Vitacura hay 20.368 hogares y la población pobre no supera el 1%. En Lo Espejo, hay 25.912 hogares y la población pobre supera el 15%. El ingreso autónomo (sin transferencias del Estado) de los hogares de Vitacura es de $3.120.749, en Lo Espejo es de $414.210 pesos; pero en ambas comunas los tamaños de los hogares son similares (aproximadamente 4 integrantes promedio por hogar).

La escolaridad promedio del jefe de hogar es de 9 años para Lo Espejo y de 16 años para Vitacura. En Vitacura hay más niños que asisten a educación pre básica, básica y media, y aún cuando las cifras no son tan distantes, llama la atención el acceso a la educación superior: sólo 2 de cada 10 jóvenes en Lo Espejo y 8 de cada 10 jóvenes en Vitacura. Un 82% accede al sistema de salud público en Lo Espejo, y sólo un 17% lo hace en Vitacura.
En Vitacura hay menos hacinamiento (prácticamente inexistente) y más hogares propietarios de las viviendas y menor tasa de desocupación que en Lo Espejo.

En Vitacura hay 11.69 metros cuadrados de áreas verdes por habitantes, en Lo Espejo hay 0.78, según datos de la CONAMA. Según estimaciones del INE para este año en Vitacura habrá 80.127 habitantes y en Lo Espejo 100.603. Vitacura tiene la menor densidad promedio por habitantes por hectárea de la región (25 habitantes por hectárea). Lo Espejo tiene una densidad de más de 220 habitantes por hectárea.

Y así podríamos seguir, pero uno de los puntos más relevantes de esta comparación es que hoy en día las teorías sociales hablan de la creciente demanda de los habitantes de la ciudad de participar activamente en las decisiones que se toman en sus barrios. Y qué pasa en Vitacura: sus habitantes hacen un plebiscito para no aumentar la densidad de la población y no permitir que más personas vivan ahí; pero que pasa en Lo Espejo: sus habitantes no toman la decisión de instalar o no un gigante edificio municipal al frente de una de las poblaciones más densamente pobladas de la comuna, tampoco deciden si es que quieren ampliar sus casas porque sus habitaciones disponibles no dan para más. Tampoco deciden a qué universidad ir o en qué hospital atenderse.

Dime dónde vives y te diré quién eres. Esperemos que el nuevo gobierno no sólo utilice sus criterios de eficiencia para agilizar el sistema público, sino que se enfoque en las necesidades reales de la gente, para que vivir en una comuna no establezca el nivel de decisión que tienen sus habitantes sobre dicha comuna, y para que el acceso a la ciudad no sólo se base en competencias, sino que también en una construcción conjunta de los espacios donde queremos vivir.

La desigualdad está presente en diversos ámbitos de la sociedad, el lugar donde uno vive determina el futuro de las familias. Es así como por ejemplo, la idea de los semáforos escolares en la medición del Simce no reflejan otra cosa que la composición socioeconómica de las comunas. Desde ya podríamos decir que en Lo Espejo serán rojos y en Vitacura serán verdes. Las familias de Lo Espejo no tendrán mucho donde elegir, el criterio de selección de un colegio no puede basarse en un indicador que refleja fielmente la desigualdad. Si vivir en la ciudad significa moverse en un lugar determinado, tomar decisiones informadas es distinto en el lugar donde uno está parado. Ojalá que vivir en Lo Espejo o vivir en Vitacura no marque las pautas de cómo nos hacemos parte de la ciudad ni de cómo tomamos las decisiones de cómo educar. Segregar es dejar aparte a quienes no tienen posibilidad de optar por buenos colegios, y así se puede repetir en los distintos servicios de la sociedad. Ojalá la probabilidad de nacer o no en un “cono de alta renta” deje de ser el criterio que fije las formas en que nos hacemos parte de la ciudad.

Javiera Pizarro G.